Y así fue como cayó la ficha. Todo cambió.

Algo se desacomodó. Vos ya sabías que algo se estaba procesando. Lo sospechabas. PodrÍamos decir que de alguna forma lo veías venir. Algo estaba pasando aunque no estabas segura bien qué era.

Hoy quisiera que charlemos de los cambios internos. Esos que pueden estar vinculados a todo tipo de cosas, a nuestra profesión, a una amiga, a un trabajo, pareja, o incluso a una versión de vos misma.

Muchas veces tiene que ver con creencias o expectativas-propias y ajenas- sobre vos o sobre otras personas que cayeron por su propio peso, quizá.

|No va más. Esa persona, esa situación, ese lugar ya no te queda más cómodo.|

Estos cambios internos que se van gestando incomodan, se van elaborando muy de a poquito, a tal punto que su proceso es imperceptible, sigiloso. Hasta que finalmente tomó forma, se elaboró y esa ficha finalmente cae. Te suena, lo sé.

Quiero decirte algo: Este proceso es tan complejo como necesario. En igual proporción.

Dicho esto, acá va lo más importante que quiero transmitir hoy:

|Esos cambios nos fuerzan a ir en la dirección de nuestro deseo. ¿Hay algo más genuino que eso?|

Fijate que no dije cómodo, ni fácil dije ge-nui-no. Honesto. Propio. Individual. Subjetivo.

¿Miento si digo que esa ficha que se movió la sentiste en el cuerpo? En dolores de cabeza o en problemas de digestión, en fatiga, cansancio, insomnio, dolores de espalda o sueño agotador?

El cambio es implacable.

Pero incluso hay una característica más importante aun en este tipo de situaciones...

|La característica central es la enorme e-x-i-g-e-n-c-i-a que traen consigo estos cambios|

El cambio puja, demanda, late, agota pero sobretodo nos exige: energía, tiempo, conexión con una misma.

|Nos obligan a conocer escenarios distintos a los que alguna vez imaginamos, pero sobretodo nos hacen conocernos a nosotras mismas.|

Nos enfrentamos con facetas propias que no creíamos posibles. Que eran impensadas y absolutamente desconocidas.

Desde ya que habrá excepciones, por supuesto. No obstante, muchos de estos cambios están vinculados al deseo propio.

|No propongo abrazar el cambio como si fuese algo feliz, porque el proceso no-es-sin-angustia. La propuesta tiene más que ver con habitar el cambio. Con animarte a escuchar de qué se trata ese cambio.|

¿A lo mejor tiene que ver con animarte a verte de otra manera? ¿Se trata quizá de dejar una posición que adoptaste a lo largo de la vida? ¿De dejar de ser de cierta manera? ¿De ponerle un freno a ciertas situaciones? Cada una tendrá su propia temática tan individual como su forma de atravesar el proceso.

Hacé las paces con vos.

Nos invitó a permitirnos atravesarlo, a darnos el lugar, a dejar de negarlo, de patearlo.

¿Quiero decir que es fácil? No, claro que no. Cada una tiene sus tiempos y esto no es una carrera ni una competencia.

No va por ahí. Pero sí pienso que es necesario conectar con esas sensaciones, con la incomodidad incluso, porque está ahí por y para algo..

Hacernos cargo -cada una a su tiempo y en la medida que pueda- de los cambios que nos toca atravesar en distintos momentos de la vida. Validar los cambios. Legitimar eso que nos pasa. Reconocer esa ficha que se está moviendo o que terminó de caer.

|Date el espacio|

En el consultorio, utilizó una analogía muy útil para entender el impacto de esto y es pensarlo como fichas de un dominó o de un yenga. Considerar estos cambios como si fuesen fichas que se desacomodan, que dejan de estar bien donde estaban y comienzan a afectar al resto de las áreas de nuestra vida.

También en la consulta veo que la cuarentena en muchas sirvió para reconectarse con sí mismas, que se dieron la posibilidad de reconsiderar personas, lugares, situaciones. Fundamentalmente algunas se pudieron dar la chance elegir, donde, con quien y cómo transitar su nueva normalidad.

Esta situación pide, e incluso exige un nuevo reacomodamiento psíquico en torno a la nueva realidad.

Un nuevo orden de las cosas más cercano a nuestra verdad, a nuestro deseo.

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