FLECOS, FLECOS y más FLECOS.

Después de tantas botas texanas, era de esperar la vuelta de los flecos.

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Aunque comenzaron como representación de los nativos americanos y africanos, la era dorada de esta tendencia fueron los años 20.

Luego, se resignificaron con aires revolucionarios entre los 60s y 70s.

Dos décadas en las que la mujer cambió radicalmente su imagen y poder social… ¿Casualidad? No lo creo.

Para aquellos interesados en cómo podríamos haberlo previsto, en el 2018 una de las tendencias más inesperadas en decoración fueron los flecos en muebles y lámparas.

Las tendencias son las más tardías para instalarse en moda.

Este año esperamos los flecos en muebles y almohadones, pero sobre todo en prendas y accesorios.

Incluso, el flequillo vuelve a ser tendencia.

Los flecos pueden ser delicados en vestidos de fiesta o faldas (a lo Charleston), pueden ser estilo setentas en botas o camperas de cuero, o pueden ser el gran próximo boom: en plumas… bien ochentas.

También hay una gran manera de adaptar esta tendencia sin ser parte del estilo boho: adoptá los flecos en modo strass.

Esta es una forma distinta y más post-moderna que, aunque no nos demos cuenta, nos lleva a usar flecos sin siquiera ser conscientes de ello.

Siguiendo los consejos de siempre, cuando elijan flecos recomiendo usarlos moderadamente y mezclandolos con tendencias de otras décadas, que no remitan al disfraz “cowboy” o “hippie”.

Para aquellas que se animen a imponer y dar un paso más, las plumas en zapatos, carteras, aros y vestidos, van a convertirse en la gran reinterpretación de los flecos.

#LOOKEATIP

Si te gusta customizar tu ropa, probá agregándole flecos de brillos a prendas como camperas de denim, tapados de lana o jeans.

¿Dónde? En los hombros o bolsillos, dando un toque destacado pero sutil.

¿Cómo? La clave es que sean fáciles de sacar y poner dependiendo de la ocasión.